Gardel tuvo
la intuición que era el mejor. Después
estuvo seguro.
Enrique Cadícamo[i]
A sesenta y cinco años de la desaparición física de Carlos Gardel, su leyenda permanece inalterable. El fenómeno de su vigencia obedece a múltiples causas, no todas relacionadas directamente con sus condiciones vocales.
El Morocho del Abasto fue el inventor de la forma de interpretar el tango-canción y se convirtió en el cantor por antonomasia. Fue la mayor expresión de toda un época de la cultura argentina que alcanzó repercusión internacional.
Con su arte, difundió por el mundo la obra de muchos poetas y compositores argentinos, a la vez que sus labores cinematográficas en el exterior contribuyeron a popularizar, en la Argentina, el incipiente cine sonoro criollo.
La intuición es la expresión más sutil de la inteligencia y del talento. Gardel echó mano de ella en muchas oportunidades a lo largo de su carrera. Creó allí donde muchos se repetían, y se arriesgó en momentos en que otros habrían optado por un camino seguro. Compuso melodías inolvidables sin conocer la notación musical. Marcó a fuego la escena del arte popular rioplatense de su tiempo y su influencia aún perdura. Su trayectoria coincide con un momento fundamental del desarrollo cultural argentino, donde las tradiciones criollas -de neta raigambre gauchesca- se combinaron con los aportes de las corrientes inmigratorias.
A través de su canto, Gardel reflejó esta evolución. Desde las composiciones camperas, que cantaba en la época del dúo con José Razzano, hasta su consagración como máximo intérprete del tango, trazó un periplo donde incursionó -con éxito- en casi todos los géneros musicales. Alcanzó una posición privilegiada dentro de las expresiones del pueblo quenadie -ni antes ni después- llegó a ocupar. Por estas razones no debe extrañar entonces que, desde su profesión de cantante, se vinculara con otras manifestaciones del espectáculo como el teatro, la radio y el cine local, este último todavía en ciernes durante la mayor parte de su carrera[ii].
En 1917 se produjeron varios hechos que permiten apreciar lo antedicho. En marzo de ese año el dúo Gardel-Razzano -formado en 1913- comienza sus actuaciones en el teatro Empire, ubicado en Corrientes y Maipú. Los artistas fueron contratados por el empresario teatral Humberto Cairo[iii] para animar los intervalos de las funciones de cine. Es en este ámbito donde Gardel da un paso trascendental para su trayectoria y la evolución de la música de Buenos Aires.
Tras algunas dudas iniciales decide estrenar Mi noche triste, el primer tango-canción, durante el segundo semestre del año. Es un acontecimiento que implica un cambio importante en el repertorio de un dúo, caracterizado por las canciones camperas, lo cual explica los reparos de Gardel. El Zorzal criollo temía que el público no aceptara el estilo de interpretación que había resuelto imponer en el tango, un género que hasta entonces carecía de una dimensión vocal propia. Sin embargo, la apuesta tuvo una repercusión favorable entre los espectadores. La circunstancia de que el estreno de Mi noche triste haya sido en una sala dedicada a la exhibición de películas no debe sorprender, ya que este ambiente estaba destinado a cobrar una importancia cada vez mayor en el desarrollo de la carrera de Gardel.
En abril del 17, pocas semanas después de su debut en el Empire, el dúo inicia las grabaciones de discos para el sello Nacional-Odeón, propiedad de Max Glücksmann.
Este capitalista de origen austríaco ha obtenido gran parte de su fortuna merced a su participación en el negocio cinematográfico. Fue distribuidor, productor y exhibidor, a la vez que también incursionó en la construcción de salas, como el Palace Theatre o el Grand Splendid[iv]. Su intervención en la actividad fonográfica también le reportó grandes beneficios, en particular gracias a la creciente popularidad de Gardel.
