En la última nota explicaba los motivos por los que el marketing de nuestra empresa no avanza si nos mantenemos dentro de la zona de confort.
Cuando se encuentra atrapada dentro de la zona de confort, por definición, evitará hacer cualquier cosa que no le resulte cómoda. Por eso, aunque no nos guste, la única manera de salir de la zona de confort es llevando adelante acciones que le van a resultar poco cómodas.
Ya se que esto le suena a “malas noticias”. Posiblemente usted tuviera la ilusión de que podría salir de la zona de confort haciendo algo diferente, pero todavía cómodo. Lo siento, esto no funciona así.
Si vemos el diccionario, una de las definiciones de disconfort es: “un estado de incomodidad mental, preocupación o turbación”. Sí, muy parecido a lo que se siente cuando salimos de nuestra zona de confort.
Mayormente esa incomodidad, preocupación o turbación se debe al mido a parecer tonta/o, a ser rechazada/o o a fracasar. Y como nadie quiere sentirse así, la mejor alternativa para la mayoría de la gente es sencillamente evitar el disconfort a todas costas.
Sin embargo, hay gente que sale de su zona de confort todo el tiempo. Son los que se arriesgan, hacen cosas que a veces no resultan, enfrentan el rechazo y la turbación y, de alguna manera, viven para contar el cuento.
Muy simple. Saben que el costo de quedarse en la zona de confort, el costo de la inacción es mucho, mucho más grande que el costo de actuar y sentirse momentáneamente incómodos.
Costo de no hacer las llamadas de seguimiento: Fracaso en hacer una relación comercial. Fracaso en convertir un prospecto en cliente, no poder hacer una diferencia.
Costo de hacer las llamadas de seguimiento: Sentirse incómoda/o con sólo pensar en el posible rechazo.
Cegadas/os por el miedo momentáneo, no actuamos, a pesar que las consecuencias a largo plazo son astronómicamente mayores que la incomodidad de corto plazo.
Sin embargo cuando comprendemos el costo real de no actuar, las cosas se ven muy diferentes. El precio de no actuar ahora se percibe muy alto en comparación con el costo de asumir un riesgo. Y estos cambios de perspectivas producen adelantos.
Es muy fácil darse cuenta que los beneficios potenciales son mucho más reales que los costos imaginarios.
Si hace este ejercicio honestamente va a experimentar un cambio de perspectiva, va a comenzar a ver que la evasión es en realidad más incómoda y más cara en el largo plazo que tomar medidas y pasar a la acción.
Y se va a dar cuenta que la incomodidad de actuar es mucho más segura, mucho más fácil que la “comodidad” de evadir la acción. Y cuando eso suceda le prometo que va a empezar a hacer adelantos con el marketing de su empresa que antes consideraba imposibles.
La zona de confort es relativa. Cuando la vemos a través de nuestro miedo y aversiones, parece loco querer hacer algo que nos saque de la zona de confort. Pero cuando comprendemos los verdaderos costos de la inacción, vemos que las consecuencias son infinitamente más incómodas y costosas.
Desde esa perspectiva, será relativamente sencillo llevar adelante esas cosas que estuvo evitando durante años.
¿Cuál es el verdadero costo de evitar llevar adelante esas actividades de marketing que nos resultan incómodas?
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