Hace algun tiempo leí un artículo en WomanConnect (hoy desaparecida) sobre la fuerte relación que hay entre el mercado de las franquicias y las empresas de mujeres que me llamó poderosamente la atención.
El artículo en cuestión señalaba un estudio de la Small Business Administration (oficina de la pequeña empresa en los EE.UU.) según el cual el fuerte crecimiento de las franquicias propiedad de mujeres y otras minorías seguía el mismo patrón de crecimiento de otros negocios (no franquicias) cuyas propiedad está en manos de mujeres y otras minorías.
Sin embargo, a pesar de ese crecimiento, el mercado está mayoritariamente en manos masculinas y las empresas franquiciantes miran con buenos ojos el advenimiento de las mujeres en este sector.
La IFA (International Franchise Association) ha lanzado una verdadera batería de programas para informar a las mujeres de las oportunidades en ese campo. Además, esa asociación ha renovado totalmente su comité de franquicias para mujeres, presidida por una mujer por primera vez en 40 años y ha desarrollado un web site a tal efecto.
Todas las autoridades consultadas en el tema consideran que las franquicias y las mujeres son tal para cual, porque el estilo gerencial de ellas tiende a basarse más en la construcción del vínculo con el otro y, justamente las franquicias son negocios fuertemente relacionados con las relaciones humanas.
Es vox populi que las mujeres son mucho más
efectivas que los hombres para construir relaciones humanas, son más
comunicativas, y buscan lograr consenso en vez de imponer arbitrariamente
sus ideas. Y es justamente esa habilidad la que las posiciona tremendamente
bien en el negocio de las franquicias.
Por decirlo de otra manera, se alinean las fortalezas del negocio y de quien
tiene que llevarlo a cabo, algo cuya importancia, ningún emprendedor debería
minimizar.
De acuerdo con el estudio que la SBA encargó a Women in Franchising, Inc (una compañía de Chicago) menos del 5% de las franquicias cierran sus puertas anualmente. La baja tasa de mortalidad se debe a que justamente hay un modelo establecido y probado de negocios: el franquiciante es propietario de la marca y de la forma de desarrollar el negocio; el fraquiciado recibe el derecho a usar esa marca, el modelo de negocio, y la capacitación necesaria.
Más allá del pago inicial y de los costos de establecimiento, el franquciado paga un porcentaje de las ventas en concepto de royalties y de publicidad para ayudar a sostener la marca en el mercado.
Por supuesto que la candidata (o el candidado) a desarrollar
una franquicia debe poseer cualidades emprendedoras, si bien es un negocio
de menor riesgo, todo negocio conlleva alguno. Conducta para aceptar los
procedimientos y llevarlos a cabo, cualidades administrativas, buen trato
con el público externo y el interno (los propios empleados si los
hubiere) son tan necesarios como en cualquier negocio.
En general las franquicias arrancan en los u$S 5,000 y pueden llegar a los u$s
500,000 y, como lamentablemente ya sabemos, a las mujeres se nos hace más
difícil acceder al crédito. En el caso de los EE.UU., el hecho
de que hay un mayor número de mujeres con alta posición en la banca,
está ayudando a aliviar este problema.
Sin embargo, en ediciones anteriores de Mujeres de Empresa, desarrollamos el tema de las franquicias personales. Se tratan de negocios basados en el network marketing cuyo capital inicial es realmente bajísimo (a veces menos de u$s 100) y que necesitan de mayor trabajo personal, por algo las denominamos franquicias personales, ¿no?.
Son verdaderas oportunidades comerciales que se apoyan en las fortalezas femeninas y que, en general, son subexplotadas por poca comprensión de la metodología y porque se las confunde con la simple venta directa.
Este tipo de franquicias exige determinación para llevarlas a cabo, capacidad de percibir las oportunidades, autogerenciamiento, buena estima personal, interés en aprender cosas nuevas, estar abierta a nuevas modalidades de trabajo, capacidad de ponerse metas y monitorearlas, ganas de ser independiente tanto en lo financiero como en el manejo del tiempo y capacidad y ganas de ayudar a otros a desarrollar su propio negocio.
Como contrapartida, la rentabilidad y las posibilidades de crecimiento son muy altas.
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